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Masonería Mixta en Barcelona

Lejos de creer o no creer, lo que sí es una realidad es que en la vida transitamos hasta un punto sin retorno y al que los masones denominan el Oriente eterno.

El alma inmortal vista desde la perspectiva masónica no se queda en la desaparición, en el no estar, sino que completa la triada masónica “de dónde venimos” “quienes somos” “hacia dónde vamos”. Y que cada uno desde su perspectiva y en el ámbito de las concepciones metafísicas de cada cual, interpreta.

El Oriente, lugar donde se levanta el sol, llena de poesía el final del tránsito por la vida. El renacer de este día tras día también es una bella metáfora de recuerdo a los que ya no trabajan con sus Herman@s.

Si la masonería saca lo mejor de las personas, si las ideas se convierten en proyectos destinados a buscar la verdad y defender los altos valores, cada cual deja un legado para la posteridad, el ejemplo con que los masones dicen deben influenciar su entorno,  unos más sobresalientes e ilustres que otros pero con el mismo tesón y de igual tratamiento,  una vez en el Oriente eterno queda para la memoria de los vivos su legado.

Los masones tienen rituales específicos para este acontecimiento que forma parte de la vida y a la que no escapamos para honrar la memoria. El hombre cuando muere no lleva nada consigo y en ese momento un hermano o hermana deja su memoria en el recuerdo.

Así, Antonio Machado escribía a D. Francisco Giner de Los Rios, el pedagogo, filósofo y fundador de la Institución Libre de Enseñanza y maestro suyo cuando pasó al Oriente eterno:

A Don Francisco Giner De Los Ríos

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?… Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
…¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas…

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España

ANTONIO MACHADO

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