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Estos días ha circulado por Internet el vídeo del pianista Ludovico Einaudi y su vídeo en colaboración con Greenpeace en favor de la protección del Ártico frente al glaciar Wahlenbergbreen (Noruega) para ofrecer su apoyo a esta campaña.

El vídeo no puede ser más desolador y desde luego, llama a la reflexión.  Desde una plataforma flotante en donde se nos invita a instalarnos para  asistir, en compañía del pianista,  a la contemplación del paisaje  de la madre naturaleza que agoniza  y se derrumba ante nuestros ojos y ante nuestras miradas impotentes mientras podemos soñar con aquello que un día fue.

Rodeada por bloques de hielo la “Elegy for the Artic” (Elegía por el Ártico) ha sabido  tocar a los sentidos para llamar la atención ante un problema mundial del que no podemos quedarnos al margen,  permanecer impasibles, al que se hace  necesario llegar a la misma conclusión para poder pedir a gritos, por unanimidad, la salvación del planeta.

La Naturaleza está sabiamente representada en los templos masónicos, y es un tema recurrente de estudio y de interpretación, y también, la música está presente en los templos para enaltecer el alma y los trabajos, por lo tanto este vídeo llena especialmente nuestros corazones después de llevarnos a la reflexión de hacia dónde nos dirigimos y qué legado vamos a dejar.

No basta con poner música en este escenario, sino que ha sabido transportarnos y originar en nosotros un estado anímico, un sentimiento de búsqueda hacia una restauración. Nos ha llevado a un razonamiento a través de la vista y el oído y también con imágenes y música ha sabido hacernos sentir el noble fin que se busca.

También la música acompaña las ceremonias masónicas e imprime de carácter los distintos pasajes de los rituales como en el de Iniciación para llevar y acompañar al iniciado al emprendimiento de su andadura masónica. Tal y como en el vídeo, contemplar su estado, pulir y repararse, definirse, actuar, ejemplarizar y dejar un legado y en simbiosis con el post de hoy en el que Ludovico es interrumpido por el desprendimiento de un bloque de hierro que le hace pensar que está haciendo allí y con un movimiento de su cabeza recuperar la dignidad para tocar y continuar en favor del bien, estudiar la naturaleza, amarla y preservarla para generaciones futuras.

Artículo patrocinado por:
Minerva-Lleialtat – Logia masónica mixta en Barcelona

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