PARQUE VIGELAND – OSLO
Hemos pasado unos días en Noruega y durante nuestra estancia en Oslo hemos visitado el Parque Vigeland y admirado sus famosas puertas de hierro y esculturas en piedra.
El parque y sus jardines en sí pueden compararse con los de cualquier gran ciudad pero su fama y atractivo turístico se centra en lo que hizo de él el famoso escultor Gustav Vigeland.
En 1921 se vio obligado a abandonar su estudio por demolición del edificio y llegó a un acuerdo con el ayuntamiento para que le cediera un local a cambio de ceder su obra a su muerte (1.943)
Sus tallados y monumentos le dieron fama y no hay más que visitar su obra al aire libre para “sentir”.
Las esculturas están expuestas en grupos y todas se corresponden con figuras humanas desnudas expresando acciones de la vida cotidiana, pero a pesar de la robustez de la piedra y de no tener un acabado riguroso, las expresiones y posturas son extraordinarias, lanzando un mensaje humanista que llega a lo más profundo.
Es un viaje por la vida desde el nacimiento a la vejez y la muerte. El gran monolito de 14 metros de altura con 121 figuras humanas esculpidas en bloque está situado en el centro y es un canto, un anhelo de la humanidad por un plano espiritual más elevado.
La entrada que da paso a las figuras son puertas de hierro e igualmente muestra a mujeres u hombres conversando en movimiento.
También una fuente consistente en seis hombres sosteniendo una cuenca y a su alrededor 20 grupos de árboles con figuras humanas representando el círculo interminable de la vida.
Una de las esculturas de fama en el parque es un pequeño niño enrabietado en bronce, justo enfrente de él hay dos más con el mismo interés.
Quedarse frente a una escultura es adentrarse en el personaje que estampa y conectas con su emoción.
Las distintas etapas cíclicas que representa te hace sentir y emocionar con sensaciones de amor, frustración, miedo, alegría o tristeza.
Si alguna vez visitas Oslo no dejes de visitar este museo al aire libre que es todo un gozo para los sentidos y te dejará impactado.
A nosotros nos salió un día lluvioso y en alguna ocasión tuvimos que refugiarnos debajo de un árbol que nos servía de paraguas, y aún así eso no nos frenó. En un día soleado… no sé… igual también cambian las sensaciones.
Mi interés por el museo surgió no sé cómo, seguramente en Internet llegué a él por cualquier búsqueda y desde entonces ya me atrajo la idea de visitarlo.
Este ha sido el año y desde luego ha superado con creces la idea que de él tenía.
Un gusto para los sentidos.


